La señora María fue nuestra aguadora, sacándonos bebida fresca y proporcionándonos comodidades durante toda la mañana. Me dijo entre vasos de fanta, " el laurel trae suerte y fortuna" y yo no la creí.
Sólo cuando se vive el arte como una necesidad irrenunciable,como un demonio que obliga a actuar sin "razonar",se logra dejar lo seguro por lo incierto,preferir la aventura a lo tranquilo